La mamá rubia de Piedad Córdoba

“¿Y esa morenita de quién es hija, se la cambiaron?” Le preguntaron una tarde a Lía Ruiz mientras paseaba por el parque con su hija Piedad: “Mis hijos pueden ser verdes si se quiere, pero los respetás porque son iguales que tus hijos y hasta mejor criados”. De su mamá, Piedad Córdoba aprendió a no sentirse avergonzada por su color de piel y entendió que la gente es gente por lo que tiene en el espíritu y no por su apariencia.

A los 17 años, Lía Ruiz se enamoró de Zabulón Córdoba, un negro chocoano nacido a las orillas del río Atrato y director de la escuela de Puerto Valdivia. Lía, una joven nacida en Yarumal, de ojos claros y cabello rubio, fue en contra de cualquier advertencia que le hicieron sus papás y se fue con el profesor. Después de varios meses de noviazgo, se casaron por la iglesia en la parroquia La Sagraria de Medellín.

Durante más de 30 años vivieron en el barrio La Floresta, donde tuvieron nueve hijos que sacaron adelante a punta de trabajo. Zabulón se convirtió en profesor de la Universidad Bolivariana de Medellín y llegó a ser decano de la facultad de sociología. Lía fue nombrada en 1961 profesora de la escuela Santa Lucía. Durante las mañanas dictaba clases y en las tardes volvía para cuidar a sus hijos, que ya eran cinco. Piedad, que tenía 6 años en ese momento, ayudaba a su mamá haciéndose cargo de sus hermanos mientras ella volvía del trabajo.

La mamá de Piedad Córdoba se dedicó toda su vida a la docencia. Fue profesora y directora en varias escuelas de Copacabana, El Poblado, La Floresta y Belencito. En esta última, en 1999, se enteró de que su hija, quien ya era senadora de la República por el Partido Liberal y presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Senado, había sido secuestrada por Carlos Castaño. Salió corriendo para la casa, reunió a sus hijos y se quedó mirando el noticiero. Al tercer día escribió una carta que fue publicada en los medios, pidiéndoles a los secuestradores que le dieran información de su hija. Durante 16 días Piedad Córdoba estuvo en Sopetrán, Antioquia. Castaño la acusó de ser tesorera del ELN y haberse aliado con Jaime Garzón, a quien ya había mandado a matar, para cobrar por la liberación de los secuestrados de la guerrilla. Piedad se le rió en la cara pero al mismo tiempo se resignó a morir en manos del jefe paramilitar.

A los ocho días de estar secuestrada le escribió una carta a su mamá. “Se la entregué a un paramilitar que me dijo que había sido estudiante de ella en la escuela. En la carta le pedí que cuidara a mis hijos, se los dejé a cargo. También le dije que me perdonara por todo lo que la había hecho sufrir, sin embargo, ese era el camino que yo había escogido”. La carta nunca llegó.

Durante muchos años Lía Ruiz ha sufrido por las amenazas contra su hija. “Cómo es posible que no pensés ni en tu familia ­—le dijo un día a Piedad—, y peor aún, en vos misma, en tu salud, en tu integridad. Ya es hora que dejés a un lado esta situación. Me tiene arrugado el corazón la pensadera de lo que te pueda pasar”. Sin embargo, Piedad siguió con la misma perseverancia que heredó de su mamá. Cuando a Lía le dijeron que no podía casarse con un negro, lo hizo y tuvo 9 hijos con él; cuando a Piedad le dijeron que estaba muerta políticamente, le ganó la batalla al exprocurador Ordóñez. Cuando a Lía le dijeron que no podía trabajar más porque tenía que dedicarse a cuidar sus hijos, dividió la jornada para cuidarlos para seguir siendo profesora por más de 40 años; cuando a Piedad Córdoba le dijeron que ni su mamá iba a firmar para inscribir su campaña presidencial, logró recoger más de 2’000.000 millones de firmas.

Fuente:  las2orillas.co

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