El marxismo cultural está hundiendo a Europa

El marxismo se sostiene creando problemas en donde no los hay. Conquista seguidores gracias a que crea antagonías entre supuestos grupos oprimidos y grupos opresores.

El primer conflicto que inventó fue el de obrero vs patrón, el marxismo clásico le decía a los pobres que su situación era culpa de los dueños de los medios de producción. Así, el sueño de Marx era que los obreros del mundo se unieran en contra del capitalismo.

Pero hoy con ese discurso, en Europa por lo menos, donde se goza de cierto nivel de bienestar y donde lo que más quiere un obrero es ser contratado por una multinacional, no van a conseguir mucho. Y la izquierda desde hace bastante se dio cuenta de esto, por eso tuvo que reinventarse, su nueva arma es el marxismo cultural.

La técnica es la misma, inventar un problema, victimizar a un grupo y luego presentarse como un mesías liberador. Eso sí, tuvieron que buscar nuevos sujetos revolucionarios, porque los obreros ya no los van a apoyar para tumbar el sistema que más prosperidad ha traído.

El campo de batalla principal ahora no es el económico, sino el cultural. Los nuevos sujetos revolucionarios son las mujeres, los jóvenes, los negros, los homosexuales, los indígenas, los inmigrantes, etc. El objetivo último es  destruir la cultura occidental con sus instituciones como la familia y la religión, y así conseguir la caída del capitalismo. Han entendido que este no se mantiene si no hay ciertos valores y estilos de vida.

No me voy a extender más explicando la estrategia y voy a pasar a mostrar algunos hechos que dejan claro que la izquierda ha establecido una dictadura cultural. Incluso la justicia ha sido tomada por la estrategia izquierdista.

Una de las pruebas más aterradoras de que el marxismo cultural, vía feminismo, ya ha establecido una tiranía y que incluso la justicia cede ante sus presiones, es el caso de “la manada” en España. Cinco hombres fueron condenados a nueve años de prisión por “abuso sexual continuado”. Los magistrados que llevaron el caso incluso reconocieron que no consideran que haya habido violencia ni intimidación, pero dicen que sí hubo un “consentimiento viciado” y por eso el delito sería abuso sexual.

Lo particular del caso es que hay vídeos que prueban que la mujer entró al lugar donde se desarrollaron los hechos, por cuenta propia. Que incluso ante la pregunta de uno de los hombres sobre si quería ser penetrada dijo “sí”. También queda en evidencia en el material audiovisual que la mujer participó activamente del acto sexual y, además, en el juicio la joven reconoció que nunca dijo “no”.

A pesar de todo esto, los jueces no fueron capaces de dejar en libertad a los jóvenes. La presión de las feministas y los medios de comunicación que le hacen el juego fue brutal, y por cuenta de su dictadura, cinco hombres que hicieron una orgía con una desconocida, y que pueden ser unos sucios, pero que no son unos violadores ni obligaron a esta española a hacer nada, están en la cárcel.

Este caso marca un punto de inflexión. De ahora en adelante si una mujer dice que fue violada, no importa que incluso haya vídeos de lo ocurrido en donde quede claro que ella quería, quien siempre va a perder es el hombre. La izquierda se ha ganado el voto de muchas mujeres diciéndoles que no son responsables de sus actos y que cualquier cosa que les ocurra es culpa del patriarcado.

Pero esto pasa siempre y cuando el hombre no sea un inmigrante árabe, de hecho, si es musulmán parece que tiene incluso derecho a violar. La explicación de esta extraña conducta de la izquierda y su obsesión por el multiculturalismo que los lleva a defender a violadores si estos son inmigrantes, es que en el fondo todo hace parte de una estrategia para acabar con la cultura occidental.

No atacan a los musulmanes, sin importar lo que hagan, porque ganan seguidores con su multiculturalismo, pero además y fundamentalmente los ven como un aliado para acabar con occidente y sus instituciones evolutivas.

A finales de 2016, también en España, cuatro hombres de nacionalidad marroquí violaron a una turista danesa a la que luego dejaron tirada en una calle de Gran Canarias. Los vídeos obtenidos de las cámaras de seguridad de los lugares aledaños muestran que la mujer fue llevada por la fuerza a una calle sola donde a pesar de su oposición firme fue violada por un hombre, luego tres amigos más del violador llegaron para abusar de la mujer mientras esta estaba inconsciente.

Los vídeos también muestran que después llegó al lugar un quinto hombre que intentó abusar de la mujer pero esta vez ella pudo defenderse y después de varios minutos de forcejeo logró escaparse.

A finales de 2017 cuando por fín tenía lugar el juicio, el juzgado de guardia de San Bartolomé de Tirajana, los dejó en libertad con medidas cautelares. ¿Por qué el mundo entero no se dio cuenta de este hecho como sí sucedió con “la manada”? ¿Donde estaban por esos días Podemos y las feministas militantes? ¿Qué hizo que en este caso no presionaran para que estos hombres fueran a la cárcel cuando aquí sí hay pruebas claras de una violación?

Pero este no es un caso aislado, ocurre en toda Europa, de manera sistemática las autoridades ocultan las violaciones y abusos sexuales cometidos por musulmanes.

Este viernes 25 de mayo lo que estoy diciendo ha quedado completamente claro cuando Tommy Robinson, fundador de la ‘English Defence League’ quien se desempeña como periodista de investigación y lleva años denunciando  la islamización de la que es víctima Reino Unido, fue arrestado tras ser acusado de alterar el orden público mientras cubría a las afueras del tribunal de Leeds el juicio de 29 paquistaníes acusados de numerosas violaciones.

Con toda razón, Robinson se dirigía a su audiencia diciendo que ningún otro medio de comunicación estaba reportando el hecho. Tras una hora de streaming, varios agentes se le acercaron para proceder a su detención por “perturbar la paz fomentando la islamofobia”.

“¿Puede conseguirme un abogado? Esto es ridículo, no he dicho ni una palabra. No he hecho nada”, decía el periodista mientras era capturado. “Muchas personas han jurado matarme e incluso matar a mi familia y siguen en la calle. Yo no he dicho nada y me han detenido”, insistió sin resultado alguno.

Pues mientras en España tardan años en juzgar a los violadores árabes y luego los dejan en libertad, en Reino Unido se denuncian constantemente toqueteos y abusos sexuales por parte de musulmanes y las autoridades no hacen nada.

Y en Alemania, según datos de la Oficina de la Policía Federal, los crímenes de índole sexual cometidos por extranjeros pasaron de los 599 en 2013 hasta los 2.790 en 2016, coincidiendo con el punto álgido de la crisis migratoria, y se denuncia constantemente y sin respuesta por parte de la justicia a grupos de musulmanes que tocan a las mujeres en las calles, Robinson ya fue juzgado y condenado a 13 meses de cárcel por cubrir un juicio contra musulmanes violadores.

La noticia de lo sucedido con Robinson y su sentencia no ha salido en ninguno de los grandes medios de comunicación de Reino Unido porque las autoridades han prohibido hablar al respecto, así como tenían prohibido informar sobre el juicio contra los musulmanes.

He citado en esta columna solo unos pocos casos de cómo la izquierda a través del feminismo y el multiculturalismo se ha tomado Europa y parece haber convertido a sus habitantes en suicidas. Pero son muchos los frentes y cientos los casos que dejan claro que el marxismo cultural está hundiendo al continente europeo.

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